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Junio 25, 2017 |Mtra. Claudia Ibet Navarrete Mendoza

Hace un par de días se dio a conocer una noticia dura, difícil y lamentable, donde una madre decide poner fin a su vida, al igual que a la de sus hijos y sus propios padres, de acuerdo a los noticieros circulantes, debido a que fue notificada del fallo judicial a favor del padre para que éste, ostente la guarda y custodia de sus hijas e hijo; así mismo, con base a diversas notas, se menciona que el progenitor fue acusado de violencia familiar hacia la madre y de ejercer violencia sexual hacia sus descendientes.

Con el paso de los días, me ha tocado leer un sin número de manifestaciones a favor y en contra de ambos progenitores, muchas veces con posturas un tanto radicales y álgidas, etiquetando a ambas partes como “el pederasta”, “la suicida”, “el violador”, “la asesina”. Cada quien asume su propia postura de acuerdo a su carga de valores, antecedentes históricos y subjetividades como mejor le parece. A partir del uso de las redes sociales, cada día se observa un fenómeno muy peculiar, y es la presencia del USO DE UN LENGUAJE VIOLENTO, DENIGRANTE, OFENSIVO, ya sea hacia el gobierno, el deporte, la iglesia, la política exterior, hacia alguna figura pública, la orientación sexual de las personas o cualquier individuo que su opinión vaya en contra de nuestra idiosincrasia, el tema no importa, solamente deben ser aquellos que detonen polémica. Es posible que esto se deba que, al ser un espacio impersonal, donde no tenemos físicamente frente a nosotros a otro individuo que nos replique, que nos devuelva el mensaje de manera directa, donde no podemos debatir en forma abierta, se nos hace fácil escribir cualquier tipo de improperios. Parafraseando a la periodista española Rosa María Calaf, defensora del periodismo comprometido dice que “la ciudadanía cree que está informada, cuando sólo está entretenida”, además sostiene un mensaje contundente: “…La gente cree saberlo todo, piensa que con tantas pantallas, Youtube, Twitter y Facebook ya es suficiente. Primero, eso no es verdad. Y segundo, piensa con qué calidad recibes la información. La información es cada vez más sesgada, menos independiente y menos rigurosa. Y así la ciudadanía se forma opinión en base a errores o mentiras. Una serie de parámetros extraordinariamente peligrosos porque con esa opinión tienes mucho riesgo de equivocarte y, en consecuencia, las decisiones que vayas a tomar van a afectar a ti, a tus hijos y a la construcción del mundo”.

En similitud a la frase de Martin Luther King donde expresa: “Lo que me preocupa no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos”; en mi caso, lo que me preocupa no son las críticas llenas de prejuicios de las personas en redes sociales, sino los comentarios sin fundamentos y llenos de subjetividades de aquellos estudiosos y expertos en la conducta humana. En Psicología Forense, no podemos opinar de la existencia o no de la Alienación Parental, cuando no he investigado a profundidad o no he trabajado de manera directa con familias en procesos de divorcio, no puedo aseverar si una niña, niño o adolescente fue víctima o no de violencia sexual, cuando no lo he entrevistado, no conozco de manera directa el caso, no he revisado el expediente judicial, no he aplicado pruebas y demás indicadores que de manera objetiva den luz para aceptar o descartar las hipótesis que me surjan a partir del planteamiento del problema. El trabajo que hacemos los profesionales en la psicología parten del conocimiento del método científico, por ello, cada intervención que hacemos en las diversas ramas de nuestra profesión parten de ahí. En caso contrario, caeríamos en aplicar una frase coloquial que en mi pueblo, allá en la costa, utilizamos: “A ojo de buen cubero, yo opino que…”, es decir que a primera impresión, de manera superficial, en apariencias se emiten opiniones personales que como tal, se toman en su máxima expresión de quien viene. Y eso señoras y señores, como PSICÓLOGOS/AS nos deja en desventaja, no podemos permitirnos por ningún medio posible, demeritar nuestro propio ejercicio profesional al opinar a la ligera, al etiquetar a las personas, al querer usurpar el cargo de juez, sin que nos corresponda. En psicología clínica sabemos que una cosa es el síntoma y otra muy diferente lo que hay más allá del síntoma, por ello, cuando tenemos a un usuario/paciente/cliente frente a nosotros, debemos tratarlo con el máximo respeto y amplio criterio posible. Al respecto, nuestro código ético, aquí en México claramente expone los principios básicos que deben regirnos en el ejercicio de nuestra función:

  • Respeto a los derechos y a la dignidad de las personas.  Básicamente hace hincapié a los derechos humanos, principio también fundamental dentro de la procuración e impartición de justicia.

  • Cuidado responsable. El/la psicólogo/a muestra preocupación por el bienestar, y evita el daño a cualquier individuo, familia, grupo o comunidad.

  • Integridad en las relaciones. El/la psicólogo demuestra en su actuación: precisión y honestidad, apertura y sinceridad, máxima objetividad y mínimo prejuicio o sesgo, y evitación de conflictos de interés.

  • Responsabilidad hacia la sociedad y la humanidad. La psicología como disciplina, ocurre dentro de un contexto social. Por consiguiente, el/la psicólogo/a busca aumentar el conocimiento y promover el bienestar de la humanidad, por medio de métodos y procedimientos éticos. Asimismo, el/la psicólogo/a en sus acciones, no debe dañar el medio, y se asegura que el conocimiento psicológico se emplee para fines benéficos.

Antes de concluir quiero exponer que la alienación parental, interferencia parental, programación, manipulación, aleccionamiento de las hijas e hijos que intervienen dentro de un proceso judicial de divorcio existe y como tal, es una forma de violencia psicológica hacia las personas menores de edad, cabe aclarar que no es un tema de género, porque es un fenómeno que afecta tanto a mujeres como a hombres que no ejercen la custodia de sus hijos e hijas, pero tambien afecta a todo el sistema familiar; cada día se suman diversos estudios que así lo indican, de científicos e investigadores expertos en la materia en gran parte del mundo. Sin embargo, no solamente debemos basarnos en tener un excelente diagnóstico, tal vez éste, sea de gran utilidad para la autoridad judicial en su toma de decisiones, pero ¿Y qué hacemos con ello? ¿Qué propuestas de solución encontramos, para facilitar que los padres tengan relaciones armoniosas entre ellos tras un divorcio? ¿Cómo asegurar los derechos de las personas menores de edad para que convivan abiertamente con ambos progenitores cuando su proyecto de vida en pareja ha concluido? ¿Cómo puede participar un especialista en la conducta humana en el ámbito judicial, en el diseño de un programa de intervención psicológica con familias que transitan por éste tipo de procesos? Justo esas preguntas me hice hace más de siete años, cuando me tocó fundar el primer Centro de Convivencia Familiar en el Poder Judicial del Estado de Guerrero, donde con un grupo de colegas, nos dimos a la tarea de diseñar un programa que permitiera abordar los procesos de duelo tras un divorcio y que todos los integrantes de la familia, pudieran recibir contención emocional para superar este tipo de pérdidas, así como facilitar el desarrollo de sus propios recursos para la generación de habilidades parentales con la finalidad  que madres y padres funcionen bajo un nuevo esquema relacional. Por ello, los servicios de talleres psicoeducativos, terapias individuales y familiares,  mediaciones familiares, todos sin costo alguno.  Desconocía que este tipo de modelos de trabajo se le llamara JUSTICIA TERAPÉUTICA, ya que de acuerdo a la definición de David B. Wesler, “es el estudio del rol de la ley como agente terapéutico”, es decir que se centra en el impacto de la justicia en el espectro emocional y en el bienestar psicológico de las personas. Espero en otro momento escribir un artículo que aborde a profundidad, lo anterior mencionado.

Volviendo al tema inicial, me parece que la mejor forma de honrar la memoria de estos pequeños que hoy no están entre nosotros, es que mostremos respeto; como profesionales en la psicología, seamos impecables en nuestras actuaciones futuras y cada día, sigamos profesionalizándonos y actualizándonos, para estar mejor preparados ante cualquier  caso que se nos presente.

Disculpen si alguno de ustedes se siente aludido con lo que expongo, siendo sincera no es mi intención, en realidad lo que busco es que generemos consciencia gremial, tenemos que apoyarnos los unos a los otros, evitemos ser portadores o generadores de cargas negativas y violentas a través de nuestras opiniones en redes sociales, debemos trabajar unidos para dar una imagen más seria y respetable de la psicología como profesión y disciplina científica, así como en la construcción de una mejor sociedad.

Concluyo con una excelsa reflexión de la Neurocientífica RITA LEVI MONTALCINI, mujer brillante, aguda en sus reflexiones sobre la vida, dio una gran contribución a la humanidad al descubrir cómo crecen y renuevan las células del sistema nervioso, lo que le permitió el nobel en 1986.

“SI ASUMIMOS UNA VISIÓN CATASTROFISTA DEL SER HUMANO, ESTAMOS ACABADOS. LA VIDA SE HACE INÚTIL. YO TAMBIÉN ME SIENTO INTERIORMENTE INCAPAZ DE SER OPTIMISTA, PERO HAY QUE SERLO CUESTE LO QUE CUESTE. HAY QUE MANTENER LA CONFIANZA EN EL FUTURO Y EN NUESTRA PROPIA ESPECIE”.

Mtra. Claudia Ibet Navarrete Mendoza

Mtra. Claudia Ibet Navarrete Mendoza

Directora de las Unidades de Atención Jurídica Integral Del Poder Judicial del Estado de Guerrero

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