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LA IMPORTANCIA DE LA EVALUACIÓN PSICOLÓGICA FORENSE Y SU DIFERENCIA CON LA EVALUACIÓN CLÍNICA.

La Psicología es la ciencia que estudia la conducta humana y los procesos mentales (en un amplio sentido), entendiendo conducta como la interacción del ser humano con su ambiente; y en cuanto a eso, en palabras de Munné (1987) el Derecho y la Psicología “son ciencias llamadas a entenderse como ciencias humanas y sociales”.

Por ello, un campo en el que con los años la Psicología está más presente, es el marco legal. La psicología Forense cobra el papel de “ayudar al tribunal a conocer – apreciar la realidad- de una conducta social humana, sus motivaciones y sus consecuencias sociales” (Ortuño, 1998).

En México es a partir de las reformas constitucionales en Materia de Derechos Humanos, Equidad de Género y sobretodo al instaurarse el Sistema Penal Acusatorio, la Psicología Jurídica y Forense ha retomado una importancia significativa desde el año 2006 a la fecha, abriéndose cada día, mayor campo de estudios, especialmente en áreas de actuación para las y los profesionales especializados en la materia, los cuáles deben de estar capacitados rigurosamente en el manejo y uso de instrumentos de evaluación psicológica y metodologías de entrevistas semiestructuradas para una mayor efectividad en sus actuaciones. 

La evaluación psicológica clínica y la forense comparten un interés común por la valoración del estado mental del sujeto explorado. La primera tiene como objetivo principal de su actuación poder llevar a cabo una posterior intervención terapéutica; la segunda, analizar las repercusiones jurídicas de los trastornos mentales. La diferencias en relación al contexto de aplicación (clínico o judicial) y al objeto de la demanda (asistencial o pericial) marcan las características propias que adquiere el proceso de evaluación psicológica en cada uno de los dos ámbitos (Acherman 2010).

Problematicas de una Evaluación Psicológica

Algunas de las dificultades que presenta la evaluación psicológica pericial es que el sujeto no se presenta de forma voluntaria ante el profesional, sino que su participación está determinada por su papel en el proceso judicial (denunciado/denunciante; demandado/demandante). Además, las consecuencias directas del dictamen pericial para el avaluado aumenta la probabilidad de manipulación de la información aportada para conseguir un beneficio o evitar un perjuicio; a diferencia que en una evaluación clínica las personas acuden por voluntad propia con el objetivo de sanar alguna dolencia o afectación emocional considerable, por lo que la información que proporciona a la hora de ser atendido suele ser mayormente ajustada a su realidad.

La evaluación psicológica forense se ha extendido a múltiples campos. En el  ámbito penal: bv jueces, fiscales y abogados suelen solicitar dictámenes periciales sobre las posibles alteraciones mentales de los autores de delitos graves (violencia contra la pareja, agresiones sexuales, homicidios, etc.), sobre la predicción del riesgo de violencia futura en personas que han cometido un delito violento, sobre la credibilidad del testimonio en víctimas de abuso sexual infantil o sobre el daño psicológico a las víctimas de delitos violentos. Y a nivel práctico, lo que es sumamente importante, los dictámenes periciales, a diferencia de las evaluaciones clínicas, se van a caracterizar por la enorme influencia que pueden tener en el futuro de los sujetos evaluados. En el sistema penal por ejemplo, la imputabilidad de un acusado, así como la apreciación de atenuantes, dependerá en gran medida de la evaluación forense (Aguilera y Zaldívar, 2003).

 

La evaluación forense en el ámbito familiar adquiere otra dimensión significativa de actuación por parte del o la profesional en la psicología forense, atendiendo en asuntos relacionados con el divorcio, las guardas y custodias, regímenes de visitas y convivencias, adopciones, entre otros; teniendo que considerar múltiples variables sobre los diferentes campos específicos del contexto forense: a) los niños, con sus grados distintos de desarrollo evolutivo y sus necesidades; b) los padres, con sus rasgos personales, necesidades, grados de conflictividad y problemas particulares; y c) el entorno familiar en el que se quedan los niños o al nuevo hogar que deben de adaptarse tras un divorcio o una adopción (Jiménez, et. al, 2018).

Diferencias fundamentales.

El contexto y el objeto de la exploración psicológica delimitan las diferencias entre la evaluación clínica y la evaluación forense (Tabla 1). El marco mismo de la intervención (en caso de un consultorio clínico, un ambulatorio o un hospital; en el otro, un juzgado o una prisión) marca pautas relacionales distintas entre el profesional y el sujeto evaluado (relación empática en el contexto clínico; relación escéptica en el contexto forense) (Ackerman, 2010).

La evaluación forense presenta diferencias notables respecto a la evaluación clínica. Al margen de que en uno y otro caso, el objetivo pueda ser la exploración del estado mental del sujeto evaluado, el proceso psicopatológico en la evaluación forense sólo tiene interés desde la perspectiva de las repercusiones forenses de los trastornos mentales, a diferencia del contexto clínico, en donde se convierte en el eje central de la intervención (Archer, 2006).

TABLA 1. Evaluación forense y evaluación clínica.

CARACTERÍSTICAS EVALUACIÓN FORENSE EVALUACIÓN CLÍNICA
Objetivo Ayuda a la toma de decisiones judiciales. Diagnóstico y tratamiento
Relación evaluador-sujeto Esceptica pero con establecimiento de un rapport adecuado Ayuda en el contexto de una relación empática.
Secreto profesional NO SI
Destino de la evaluación Variable (juez, abogados, partes intervinientes, fiscales, seguros) El propio paciente
Estándares y requisitos Psico-Legales Médico-Psicológicos
Fuentes de información Entrevistas. Test. Observación. Informes médicos y psicológicos. Familiares. Expedientes Judiciales. Las mismas, (excepto los expedientes  judiciales) y el historial clínico.
Actitud del sujeto hacia la evaluación Riesgo de simulación o de disimulación o de engaño En general sinceridad
Ámbito de la evaluación Estado mental en relación al objeto pericial Global
Tipo de informe Muy documentado, razonado técnicamente y con conclusiones que contesten a la demanda judicial. Documento legal. Breve y con conclusiones. Documento clínico
Intervención en la sala de justicia Esperable. En calidad de perito. No esperable. En calidad de testigo.

La evaluación psicológica forense se encuentra con algunas dificultades específicas, como la involuntariedad del sujeto, los intentos de manipulación de la información aportada (simulación o disimulación) o la influencia del propio proceso legal  en el estado mental del sujeto (Esbec y Gómez-Jarabo, 2000). Además, el dictamen pericial no finaliza con un psicodiagnóstico confirme a las categorías nosológicas internacionales (DSM o CIE), sino que la psicopatología detectada debe ponerse en relación con el asunto jurídico demandado.

“Lo que en verdad interesa al Derecho no son tanto las calificaciones clínicas como el reflejo de su actuar”

La población forense es más variada que la que se suele encontrar en la clínica. El espectro de edades oscila desde niños de dos o tres años en víctimas de abuso sexual hasta ancianos de 90 años en proceso de incapacitación. En el entorno forense hay más personas analfabetas funcionales o pertenecientes a grupos indígenas. Todo ello limita el alcance de la exploración forense (Ackerman, 2010; Hernández, 2002).

La actividad del psicólogo/a forense, a diferencia de otros campos de actuación profesional del psicólogo/a, se va a caracterizar por la enorme responsabilidad de su actuación, derivada de la repercusión del informe pericial en la vida de los sujetos evaluados. Junto a esta peculiaridad, su contexto de intervención (dentro de un procedimiento judicial) y el objeto de la misma (contestación a la solicitud realizada desde el ámbito legal) delimitarán las divergencias entre la evaluación pericial psicológica y la evaluación clínica. El informe clínico se diferenciará  así del dictamen pericial en tres puntos: a) la autoría (terapeuta/perito); b) el contenido (el informe clínico centrado en el funcionamiento psíquico global del paciente; dictamen pericial referido al estado mental del sujeto en relación con el procedimiento judicial; y c) la finalidad (terapéutica en un caso; judicial en el otro). Por otro lado, el carácter probatorio del dictamen forense (documento legal) imprime unas exigencias técnicas innecesarias en el informe clínico (documento sanitario de comunicación interprofesional –historia clínica-) (Ackerman, 2010).

La  demanda de ayuda terapéutica típica del contexto clínico suele implicar una actitud colaboradora por parte del evaluado ante la intervención profesional, sin perjuicio de la instrumentalización creciente observada del dictamen clínico en el contexto judicial. Por el contrario, las características del contexto forense facilitan la distorsión y la manipulación de la información aportada por los evaluados, lo que lleva a la necesidad de un entrenamiento especializado del perito en el control de la simulación/disimulación y en la detección del engaño. Esta diferencia junto con la ausencia de confidencialidad en la evaluación forense, fundamental para el establecimiento de la relación terapéutica, hace incompatibles la función clínica-asistencial y la pericial (Echeburúa, 2002).

Compilado por Psic. Claudia Navarrete.

Bibliografía:

Ackerman M.J. (2010) Essentials of forensic psychological assessment (2ª. Ed) Nueva York: John Wiley & Sons.

Echeburúa E, Amor, P.J. y Corral P (2003) Autoinformes y entrevistas en el ámbito de la psicología clínica y forense: limitaciones y nuevas perspectivas. Análisis y modificación de la conducta, 29, 503-522.

Jiménez F, Sánchez G y Ampudia A (2018). Evaluación psicológica forense: la custodia de los menores. Manual Moderno. México.

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